Era mi amigo, nadie lo duda, por eso lo dejaba, no había ya nada que hacer, neta.
Bueno, bueno, cierto, igual me daba unos pasones con él pero leves, nomás pa’ ver a la virgen leve, neta, pero este maestro se manchaba. Yo siempre le decía que no fuera atascado, pero nada que hacía caso, nomás volteaba los ojitos y se perdía en su rollo, ¡chale!.
Creo que fue esa vez, cuando le caímos al toquín ese, el que se organizó el Oaxaca, un maestro de rosca izquierda pero igual, no nos importaba, era buena onda. Entramos al cubil y estaba el desmadre en pleno, chidísimo el hornazo, ni necesidad había de prenderle la cola al diablo ¿pa’ qué? Con el hornazo tenías, hasta los ojos te chillaban nomás de estar ahí, neta.
Entrados en el slam o sabe en qué, fue que el Carburo se me perdió. La otra micha de la noche me la pasé dale que dale vueltas al guateque buscándolo y aí me tienes, pregunte que pregunte, que si no vieron un mono de greña larga y morral de lana, con ojos de chivo en celo, bien pasado…. Y pos la banda, nada carnal, que así andamos todos ¿o no?.
Yo estaba ya hasta la madre y a punto de largarme de ahí cuando me topé a la Cecilia, siempre me latió la morra. Y pos nada, buscando a un compa que se me perdió ¿y tú?. No me mires así, mejor dime si conoces al Carburo, mi compa, ¿nel? ¡Chale! Eso le pasa por moto, nadie lo conoce por que siempre termina de tapete en las fiestas. Pero no hay pedo, total ya está grandecito ¿no? Simón está chida la rola, me late pero haste pa’ lla que ahí anda el ojete de tu novio, ¿ya le diste gas? ¡Chale! Pero igual me mira re feo. Conste, yo si le surto su receta y le floreo la de comer, neta.
Y plática y plática con la Cecilia más se me repegaba, y pos uno no es de palo ¿eda? Y yo me decia, nel pinche Muelas no te la tires que te dan en toda tú madre y pos me valió, neta, total, me la rompen por cosas que están menos buenas.
Ya traía mi mano hasta dentro y qué chido, no traía brasier, así más fácil, cuando vi que la banda se alebrestaba por ahí; ya comenzaba la primera madrina de la noche. Le dije a la Cecilia pos vamos, chance y filerean a un cabrón y nos toca ver.
Llegamos en plana acción, nomás veíamos como volaba un chango, y patada tras patada lo traían ¡chale ya déjenlo! Gritaba la Cecilia ¿Pos cómo crees? Que se chingue, el que se lleva se aguanta. ¡Bolas don cuco! Era el Carburo al que traían de pelota. Órale ojetes no se pasen de lanzas, me metí descontando infelices, chido, muy chido nomás sonaban los guajazos, neta, pero no contaba con que el ojete del ex de la Cecilia le entrara a los chingadazos nomás por gusto o por darme en la madre, sabrá dios, pero que putiza me arrimó.
¿Te duele mucho mi’jo? Pos tú que crees pendeja, a huevo que duele si me tiraron dos muelas, pinche Carburo ya bájate del avión, te pusieron una retro putiza y tú con tu cara de pendejo, qué feliz has de estar. No se le baja el viaje ¡chale! ¿que hacemos pa’ bajárselo? Dime no seas bruta.
Que mal pedo, neta, nos fuimos con este guey súper elevado al chante, yo bien preocupado me entro el frik de verlo así, lo recosté en un petate, parecía perra recién parida, nomás pelaba los ojotes y se soltaba riendo de repente como poseído por el mismísimo chamuco, la Sexilia se me agüito todita nomás de verlo así. Mi’jo se va a morir tu compa, trae un mal viaje. Nel, no se muere, yo se lo que te digo, así se pone , luego se le baja.
De ahí pa’ delante las cosas fueron peor, le dio por meterse más que mostaza, ¡chale! Traía los brazos como Santo Cristo. Traes un brazo en el mórete le decía a ver si le caía el veinte, pero nel, nomás me miraba cada vez mas lejos, y se reía, se reía como si entendiera, neta, hasta parecía vivo.
Una noche estaba yo con la Sexilia, chido, chidisimo, en medio de un viajesote clave y clave y me vinieron a tocar a la puerta y yo, no estén chingando que ahora no puedo abrir. Ellos toque y toque. Qué quieren cabrones, pos no ven que me chingo un palestino. Que mal pedo carnal, me dijo un compa, se cargó la chota al tu carnal el Carburo, andaba bien pasado por la calle disque hablándole a su jefecita. ¡Chinguen a su madre! Ahora a ver cómo lo saco, me lleva, chido, gracias por el pitaso.
Hasta el Viaje se me bajó y el olor a la Cecilia se me fue de los dedos, me sudaba todo, ¡Chale! ¿Qué hacemos gorda? Nel si le aviso a su jefe le va a valer madre, siempre anda pedo, a la mera nomás le surte una putiza, ya vez que el Carburo ni las manos mete, siente chido que lo madreen, ¡Me lleva la chingada! Vístete vamos a juntar a la chorcha, a la mera entre todos pensamos en algo.
Bola de culeros, para eso me gustaban pinches ojetes, si no hay pomo, mois o algo, no mueven un dedo, el Carburo es compa, hay que alivianarlo…. pos chinguen a su madre, nadie los ocupa, ¡ojos! Pinches ¡ojos!
No lo dejaron salir, y pos el abonganster no vio lana y no hizo nada, lo entambaron un ratón quesque por posesión de enervantes, ¡La manga del muerto! ¿Cuáles pinches enervantes? Si sólo era mostaza, un puñito, el Carburo ya ni para eso tenía lana, se repegaba a los talleres de tapicería del barrio a que le pasaran las estopas con thiner o de perdis un puñito de tonsol, eso lo traía pendejo, pa’ mi que eso fue lo que le secó el seso. ¡Chale! Cuando salió del tambo estaba re flaco ya ni hablaba, ni conocía, se la pasaba a la risa y risa lueguito le daba por chillar, pero no decía nada, nomás me veía, me late que en el fondo ahí estaba él, nomás que no supo como decirme que si estaba.
Un día de plano ya no caminó, ¡chale! nada, no hacia nada, si yo no le daba de comer en la boca no tragaba, su jefe ni lo pelaba, aí nomás lo dejó a ver si se petateaba, a ver si le llegaba la huesuda, neta, así lo dejó.
Cuando se murió yo sentí re gacho. Ya no llores papacito que aquí quedo yo, me decía la Sexilia, pero nel, mi compa se petateó y yo no sabia estar sin el Carburo. ¡Chale! Esa noche, mientras lo velamos toda la banda, agarré el avión, a la mera lo alcanzaba. Le metí de todo pa’ que fuera un viaje chido, y de repente me empecé a sentir bien sabe de qué modo, así como ahora, suavecito, suavecito chido, chidisimo, no había pedo, nada, y ahí estaba el Carburo platica y platica como antes, así mismo como antes de la mostaza cuando nomás nos poníamos bien pedos y decíamos puras pendejadas, neta, ahí estaba, lo alcancé en el viaje.
¡Chale! lo gacho de esto es que hace días que nomás veo a la Sexilia chilla que chilla atrás de una cortina blanca, le hablo y no me contesta, solo me ve, oigo que alguien se ríe y luego nada, alguien llora, neta, así es, El carburo, el muy canijo ya no habla conmigo se volvió a ir en otro viaje, neta. Siempre me pregunté como alguien puede vivir de ese modo.
Francisco Juarez
Uno logra meterse en el relato, bien logrado, y reconoces el habla y el tono y la desesperada búsqueda de los personajes. Sórdido y pesado, el ambiente es auténtico. Buen final
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