lunes, 7 de febrero de 2011

Destino

La miró sin creerla, sentada en la orilla (para mejor sentarse) de un sofá mas ancho que largo, con el pelo lacio y negro cayendo hacia las mejillas tersas como ninguna otra cosa, con los ojos profundos de negros mirandole con atención. Miró sus labios invitándole a hablar y habló, diciendo su nombre y su razón para estar ahí. La compañía que llevaba le dejó de ser compañía cercana y empezó así su distanciarse. Le encantaron sus gestos, su risa, su amabilidad. Supo así que la recordaría metida en ese momento durante mucho tiempo, idealizando el primer encuentro, como hacemos todos. Lamentó el crucigrama de la vida que la ponía fuera de su alcance. Le gustó conocerla y perderla, porque así nada podría salir mal. Dejó la compañía a los pocos días y se encontró solo andando las calles de noche donde la encontraría de nuevo, esta vez mas linda que antes. Le saludó, y le hizo saber de su gusto por verla, quizá un poco demasiado efusivamente, y dejó que su corazón sufriera por primera vez, que es cuando uno verdaderamente deja de ser virgen. La quiso en sus brazos y en sus manos. La quiso en sus ojos y descubrió que ahí ya la tenía, ahuyentándole el sueño. La quiso en su mente y se asustó al darse cuenta de que la llevaría ahí por siempre. Luego la descubrió en su corazón. ¿Qué demonios hacía ahí adentro? ¿Quien la había dejado entrar?. Supo que el destino no está nunca escrito sino se escribe irremediablemente mientras camina uno. Y enfrentando el futuro vacío de su vida sin ella, la buscó con afán y con determinación. Y la encontró. Y la sigue buscando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario