miércoles, 23 de febrero de 2011

Y uno y otra

Recuerdo como la risa
te aleteaba desde pequeña
permeando voz entre dientes
soñando a veces la brisa
que todas las noches me sueña
y me dice lo que ahora sientes.

Recuerdo que eras bonita
vistiendo espacios de juego
para fantasmas y muñequitas
que cambiaste por el amor luego
que bebe del agua bendita
pero hace vibrar al fuego.

Recuerdo como es que siento
que somos los diferentes
mirando por razonas distintas
a las estrellas y al viento
como esas que a diario pintas
en la razón de la mente.

Recuerdo el tiempo que mana
del juego que no ha terminado,
soy tu hermano, mi hermana,
el lado nunca olvidado.

Las brujas

Escuchó el rumor abultado que venía desde el lado del río, librándo los árboles y estrellandose contra el cristal de la ventana que se abre justo encima de la cama pegada al muro húmedo, puesta ahi por la terquedad de los mayores que no saben de realidades y a todo le llaman sueños. Lo escuchó crecer y crecer, moviendo las ondas del aire entre las ramas y las hojas desprotegidas, temblorosas, empujando la oscuridad contra sus ojos. Cerró estos últimos con fuerza, comprobando la poca protección que ofrecían. El rumor se habia convertido en aleteo y el escalofrío que le envaró las piernas le dijo que acababa de mojar la cama, pero no prestó la mínima atención a ese hecho que sería un mayúsculo conflicto para los adultos al día siguiente. El aleteo se acercaba despacio, pesado, como un enorme animal que nadara en el viento. Las primeras sombras le sorprendieron por su inmediatéz, aunque brincaban encima del techo, con demasiado impulso para voltear hacia él. "No mires" pensó, recordando la admonición de un cuento ruso en el que si no mirabas a los demonios estos no podían verte y quizá en ese cuento eso funcionaba, pero a él no le sirvió de nada. Un cuerpo voluminoso chocó contra el muro, del lado del pequeño patio bodega tiradero que se hallaba fuera de su ventana. No pudo evitar abrir los ojos con algo de suicida desesperanza. Quería no ver lo que ahí estuviera pero sabiendo que sí estaría y que irremediablemente la vería con ese horrible gesto que las distinguía a todas, tan nauseabundo. Los gritos de su voluntad se atoraron todos entre sus cuerdas vocales, víctimas de esa maniobra traicionera del pánico y del horror. Y la miro ahí cerquita, pegada al cristal la faz espantosa con la boca desdentada que mascullaba sin voz la orden inevitable: "abre" con una especie de O larga al final que se leia "abreo" o abro que al fin no era necesario porque él ya estaba liberando el seguro y recorría el cristal para el viento y las sombras y lo indeseable que se introdujo hasta cualquiera que hubiera estado allá adentro. Los adultos no repararon en la falta de mirada que les recibió en la mañana, sino en el olor de la orina y en la cierta indiferencia con que enfrentó los regaños. Al fin que ellos no entienden de realidades y a todo le llaman sueños.

martes, 22 de febrero de 2011

Atrás de una cortina blanca



Era mi amigo, nadie lo duda, por eso lo dejaba, no había ya nada que hacer, neta.
Bueno, bueno, cierto, igual me daba unos pasones con él pero leves, nomás pa’ ver a la virgen leve, neta, pero este maestro se manchaba. Yo siempre le decía que no fuera atascado, pero nada que hacía caso, nomás volteaba los ojitos y se perdía en su rollo, ¡chale!.
Creo que fue esa vez, cuando le caímos al toquín ese, el que se organizó el Oaxaca, un maestro de rosca izquierda pero igual, no nos importaba, era buena onda. Entramos al cubil y estaba el desmadre en pleno, chidísimo el hornazo, ni necesidad había de prenderle la cola al diablo ¿pa’ qué? Con el hornazo tenías, hasta los ojos te chillaban nomás de estar ahí, neta.
Entrados en el slam o sabe en qué, fue que el Carburo se me perdió. La otra micha de la noche me la pasé dale que dale vueltas al guateque buscándolo y aí me tienes, pregunte que pregunte, que si no vieron un mono de greña larga y morral de lana, con ojos de chivo en celo, bien pasado…. Y pos la banda, nada carnal, que así andamos todos ¿o no?.
Yo estaba ya hasta la madre y a punto de largarme de ahí cuando me topé a la Cecilia, siempre me latió la morra. Y pos nada, buscando a un compa que se me perdió ¿y tú?. No me mires así, mejor dime si conoces al Carburo, mi compa, ¿nel? ¡Chale! Eso le pasa por moto, nadie lo conoce por que siempre termina de tapete en las fiestas. Pero no hay pedo, total ya está grandecito ¿no? Simón está chida la rola, me late pero haste pa’ lla que ahí anda el ojete de tu novio,  ¿ya le diste gas? ¡Chale! Pero igual me mira re feo. Conste, yo si le surto su receta y le floreo la de comer, neta.
Y plática y plática con la Cecilia más se me repegaba, y pos uno no es de palo ¿eda? Y yo me decia, nel pinche Muelas no te la tires que te dan en toda tú madre y pos me valió, neta, total, me la rompen por cosas que están menos buenas.
Ya traía mi mano hasta dentro y qué chido, no traía brasier, así más fácil, cuando vi que la banda se alebrestaba por ahí; ya comenzaba la primera madrina de la noche. Le dije a la Cecilia pos vamos, chance y filerean a un cabrón y nos toca ver.
Llegamos en plana acción, nomás veíamos como volaba un chango, y patada tras patada lo traían ¡chale ya déjenlo! Gritaba la Cecilia ¿Pos cómo crees? Que se chingue, el que se lleva se aguanta. ¡Bolas don cuco! Era el Carburo al que traían de pelota. Órale ojetes no se pasen de lanzas, me metí descontando infelices, chido, muy chido nomás sonaban los guajazos, neta, pero no contaba con que el ojete del ex de la Cecilia le entrara a los chingadazos nomás por gusto o por darme en la madre, sabrá dios, pero que putiza me arrimó.
¿Te duele mucho mi’jo? Pos tú que crees pendeja, a huevo que duele si me tiraron dos muelas, pinche Carburo ya bájate del avión, te pusieron una retro putiza y tú con tu cara de pendejo, qué feliz has de estar. No se le baja el viaje ¡chale! ¿que hacemos pa’ bajárselo? Dime no seas bruta.
Que mal pedo, neta, nos fuimos con este guey súper elevado al chante, yo bien preocupado me entro el frik de verlo así, lo recosté en un petate, parecía perra recién parida, nomás pelaba los ojotes y se soltaba riendo de repente como poseído por el mismísimo chamuco, la Sexilia se me agüito todita nomás de verlo así. Mi’jo se va a morir tu compa, trae un mal viaje. Nel, no se muere, yo se lo que te digo, así se pone , luego se le baja.
De ahí pa’ delante las cosas fueron peor, le dio por meterse más que mostaza, ¡chale! Traía los brazos como Santo Cristo. Traes un brazo en el mórete le decía a ver si le caía el veinte, pero nel, nomás me miraba cada vez mas lejos, y se reía, se reía como si entendiera, neta, hasta parecía vivo.
Una noche estaba yo con la Sexilia, chido, chidisimo, en medio de un viajesote clave y clave y me vinieron a tocar a la puerta y yo, no estén chingando que ahora no puedo abrir. Ellos toque y toque. Qué quieren cabrones, pos no ven que me chingo un palestino. Que mal pedo carnal, me dijo un compa, se cargó la chota al tu carnal el Carburo, andaba bien pasado por la calle disque hablándole a su jefecita. ¡Chinguen a su madre! Ahora a ver cómo lo saco, me lleva, chido, gracias por el pitaso.
Hasta el Viaje se me bajó y el olor a la Cecilia se me fue de los dedos, me sudaba todo, ¡Chale! ¿Qué hacemos gorda? Nel si le aviso a su jefe le va a valer madre, siempre anda pedo, a la mera nomás le surte una putiza, ya vez que el Carburo ni las manos mete, siente chido que lo madreen, ¡Me lleva la chingada! Vístete vamos a juntar a la chorcha, a la mera entre todos pensamos en algo.
Bola de culeros, para eso me gustaban pinches ojetes, si no hay pomo, mois o algo, no mueven un dedo, el Carburo es compa, hay que alivianarlo…. pos chinguen a su madre, nadie los ocupa, ¡ojos! Pinches ¡ojos!
No lo dejaron salir, y pos el abonganster no vio lana y no hizo nada, lo entambaron un ratón quesque por posesión de enervantes, ¡La manga del muerto! ¿Cuáles pinches enervantes? Si sólo era mostaza, un puñito, el Carburo ya ni para eso tenía lana, se repegaba a los talleres de tapicería del barrio a que le pasaran las estopas con thiner o de perdis un puñito de tonsol, eso lo traía pendejo, pa’ mi que eso fue lo que le secó el seso. ¡Chale! Cuando salió del tambo estaba re flaco ya ni hablaba, ni conocía, se la pasaba a la risa y risa lueguito le daba por chillar, pero no decía nada, nomás me veía, me late que en el fondo ahí estaba él, nomás que no supo como decirme que si estaba.
Un día de plano ya no caminó, ¡chale! nada, no hacia nada, si yo no le daba de comer en la boca no tragaba, su jefe ni lo pelaba, aí nomás lo dejó a ver si se petateaba, a ver si le llegaba la huesuda, neta, así lo dejó.
Cuando se murió yo sentí re gacho. Ya no llores papacito que aquí quedo yo, me decía la Sexilia, pero nel, mi compa se petateó y yo no sabia estar sin el Carburo. ¡Chale! Esa noche, mientras lo velamos toda la banda, agarré el avión, a la mera lo alcanzaba. Le metí de todo pa’ que fuera un viaje chido, y de repente me empecé a sentir bien sabe de qué modo, así como ahora, suavecito, suavecito chido, chidisimo, no había pedo, nada, y ahí estaba el Carburo platica y platica como antes, así mismo como antes de la mostaza cuando nomás nos poníamos bien pedos y decíamos puras pendejadas, neta, ahí estaba, lo alcancé en el viaje.
¡Chale! lo gacho de esto es que hace días que nomás veo a la Sexilia chilla que chilla atrás de una cortina blanca, le hablo y no me contesta, solo me ve, oigo que alguien se ríe y luego nada, alguien llora, neta, así es, El carburo, el muy canijo ya no habla conmigo se volvió a ir en otro viaje, neta. Siempre me pregunté como alguien puede vivir de ese modo.

Francisco Juarez 

jueves, 17 de febrero de 2011

Alguien que mira desde allá afuera

Hace un gesto hacia el rostro que le mira y este se lo regresa de inmediato. La luz oblicua desprende escamas de sombra desde el espejo, excepto en las esquinas empañadas por el tiempo. La habitación se esconde a medias a su espalda, exhibiendo sin embargo el detrito de los sueños que acaba de serle abandonado por esos sueños y repta ahora sobre sábanas, ropa, muebles, todo. Se frota los ojos con la vaga esperanza de mejorar su visión y se encuentra con la misma imagen de su yo mismo encimándole el día. Pero hay algo distinto. En su reflejo un foco está encendido. De este lado la luz amanecida se escurre entre las cortinas, dejando ciertas partes oscuras a su paso, pero en el otro todo está iluminado con la fosforecencia de la lámpara dizque ahorradora que pende del techo. Se rie, un poco emocionado, deseando que la visión sea cierta pero negándose a creerla. "Esto solo pasa en sueños" piensa, mirandose sonreir pero fijando la vista en el solecito blanco de luz artifical que no niega su existencia. Se voltea hacia el foco real, el apagado, el que tiene encima y detrás de su cabeza. Apagado. Voltea al espejo. Encendido. Voltea al cuarto. Apagado. Vuelve a mirar el espejo y el rostro que se desprende desde esa superficie le hace gritar con un terror desaforado, abismal, estremecido. En el espejo el foco está apagado. En la habitación está encendido. Satisfecho y libre al fin, se yergue medio desnudo y abandona el cuarto con una media sonrisa en el rostro, dispuesto a hacer de todo en este mundo.

lunes, 14 de febrero de 2011

Si

Si hubiera sabido cuando llegarías
habría esperado al sol dentro de casa;
me habría abstenido de buscarte
en las noches de efímera alegría
parida a fuerza de arrojarse
en el tumulto arrollador de lo que pasa

Si hubiera sabido que un día llegarías
el mundo habría esperado por años mi locura
que hacía eco a dúo con la amargura,
y acallando la voz de los sentidos
quizá habría escuchado los latidos
de ese corazón que un día amaría.

Si hubiera sabido que vendrías
cualquier esquina hubiera sido suficiente
para esperarte a sombra de impaciente
y cantarte ese esperar con agonía.

Si hubiera sabido que vendrías
no hubiera ahogado en vicios la añoranza
de un amor que entonces no existía,
y hubiera arrancado de mi pecho ese desierto
que mataba de sed a la esperanza,
y lamentaba antes de morir, el haber muerto

Si hubiera sabido que venías
habrían esperado en vano otros amores
y sus destinos tan pequeños.
Sabiendo como hoy sé, que llegarías,
calmaría el mar de mis ardores
con el beso suave de los sueños.

Si hubiera sabido que venías
habría guardado mi inocencia
a la par que mis abrazos,
y esperando el albor de tu presencia
habría de pronunciar tu nombre un día
arropado en el nido de tus brazos.

Pero....

Si hubiera sabido que tenías
mi destino en las manos ocupadas
con caricias otras, divertida,
habrías pasado inadvertida
a pesar del fulgor de tu mirada,
y al sentirte pasar, yo callaría.

Si hubiera sabido que serías
amor del corazón equivocado,
habría olvidado que vendrías.
Todo habría olvidado.

domingo, 13 de febrero de 2011

Por qué no importan los muertos?

Y por qué en medio de tanta violencia,
son los muertos los que no cuentan?
Si son sueños perdidos
mas valiosos por prometidos
que la indiferencia que los comenta.

Y si es en hacer lo correcto
donde radica la espantada esperanza,
cómo es que nos cuentan de la matanza
pero no significan nada los muertos?

Cuando el miedo campea
y la justicia solo tiene que ver
con la ignominiosa tarea
de ser corrompido o de corromper,

es cuando mas necesitamos
que cuenten los muertos,
para no seguir como estamos,
para vivir y ser ciertos.

Los muertos son más que nombres:
son familias, afectos, vidas;
son niños, mujeres, hombres,
promesas irrepetibles, ilusiones perdidas.

Y si alguien piensa que son ajenos
y que su dolor no es el nuestro,
que empiece a quererse menos:
nos construye un futuro siniestro.

lunes, 7 de febrero de 2011

Pienso en tí

¿ Sabes que ahora mismo, pienso en ti?

A pesar del ruido y de la noche,
del silencio forzado que se esconde
en todo lo que digo.
Te extraño, te pienso, te sigo.
Cuando el sonido
son palabras dirigidas
a mí,
y de las pocas recogidas
se me escapa el sentido.
Cuando saludo al amigo,
al compañero.
Cuando creo caminar ligero
apurando el andar que llegue
y la distancia se acorta, cede,
extendiendo el tiempo y el ansia.

Y luego,
cuando doblo la esquina
aún transitada y vieja.
Cuando miro la verja que
traspongo con prisa
para encontrarme la risa
de los pequeños,
alborotando como un sismo
y detrás de ellos, tu mirada,
tranquila y calmada,
que me devuelve los sueños.

Como ahora mismo,
en que ¿ sabes ?
pienso en ti.


Destino

La miró sin creerla, sentada en la orilla (para mejor sentarse) de un sofá mas ancho que largo, con el pelo lacio y negro cayendo hacia las mejillas tersas como ninguna otra cosa, con los ojos profundos de negros mirandole con atención. Miró sus labios invitándole a hablar y habló, diciendo su nombre y su razón para estar ahí. La compañía que llevaba le dejó de ser compañía cercana y empezó así su distanciarse. Le encantaron sus gestos, su risa, su amabilidad. Supo así que la recordaría metida en ese momento durante mucho tiempo, idealizando el primer encuentro, como hacemos todos. Lamentó el crucigrama de la vida que la ponía fuera de su alcance. Le gustó conocerla y perderla, porque así nada podría salir mal. Dejó la compañía a los pocos días y se encontró solo andando las calles de noche donde la encontraría de nuevo, esta vez mas linda que antes. Le saludó, y le hizo saber de su gusto por verla, quizá un poco demasiado efusivamente, y dejó que su corazón sufriera por primera vez, que es cuando uno verdaderamente deja de ser virgen. La quiso en sus brazos y en sus manos. La quiso en sus ojos y descubrió que ahí ya la tenía, ahuyentándole el sueño. La quiso en su mente y se asustó al darse cuenta de que la llevaría ahí por siempre. Luego la descubrió en su corazón. ¿Qué demonios hacía ahí adentro? ¿Quien la había dejado entrar?. Supo que el destino no está nunca escrito sino se escribe irremediablemente mientras camina uno. Y enfrentando el futuro vacío de su vida sin ella, la buscó con afán y con determinación. Y la encontró. Y la sigue buscando.

Somos uno

Caballo y jinete se detuvieron junto al charco; una sombra bicéfala espantó al juaco: la carga nos define más de un tanto.