domingo, 29 de mayo de 2011

Era eso

Dijiste que me amabas. Los gestos se movieron en otra dirección y las palabras se abandonaron a su acostumbrado refugio. La mirada se devolvió entre luces y juegos de sombras a medio camino. El corazón se negó a calmarse hasta que un beso respondió a tu declaración. El hálito espeso del deseo me jaló el bajo vientre y el ligero temblor de tu mano me llevó a mirarte hondo esta vez. Una súbita timidéz invadió tu sonrisa y comprendí la frase recien entonces: decías que me amabas y era sólo que hubieras querido amarme.

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