Ejercicios a manos libres de algunos miembros jubilados del extinto taller literario "Ateneo Vallartense" Ricardo Simental, Rafaél Torres Meyer y Paco Juarez.
lunes, 30 de mayo de 2011
Arrebatandole el sueño
la tomó de la mano y con cuidado, la condujo hasta el umbral desde donde se recortaba un amanecer memorable. Eran las horas del sueño a medias despierto y su aliento se adivinaba suavemente conocido. Intentó sonreir, sin parecer cínico, pero no lo logró del todo. Ella bajó la mirada, con la esperanza reducida a casi nada, ilusionada a pesar suyo. Le contó los dedos con el tacto. Le sintió la dureza de la piel en ciertos lugares y lo corto de las uñas, seguramente sin pintar. la tristeza se desenvolvió a sus anchas entre los dos, diría que casi sonriente. Él se revolvió en la cama, intentando regresar a la parte anterior, donde la respiraba grabando el recuerdo. La mañana adelantaba el seno de ninfa con su pezón resplandeciente asomandose sobre la montaña y la alineación del sol con su ventana le despertó del todo. Ella levantó la cabeza desde la ropa que preparaba, reconocida en el viento fresco que penetró por su nuca desde la puerta del patio. Él pensó en ella, con cierta necesidad nostálgica. Ella pensó en él, doliendole adentro. La carga de obligación les perdió en la rutina. Se saludaron cortésmente cuando coincidieron en el pasillo que une los cuartos. Él sintió la posibilidad de tomarla, y a punto de hacerlo, ella le miró, cuestionando. Siguieron adelante, cada quien por su lado, terriblemente decepcionados uno del otro. ¿Dirías - dijo él, mientras ella se detenía, colgando los hombros desde esa voz- que esto es vida?. Con pesadumbre, sin voltear, ella musitó un no quedito y se perdió en la penumbra.
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