lunes, 30 de mayo de 2011

Arrebatandole el sueño

la tomó de la mano y con cuidado, la condujo hasta el umbral desde donde se recortaba un amanecer memorable. Eran las horas del sueño a medias despierto y su aliento se adivinaba suavemente conocido. Intentó sonreir, sin parecer cínico, pero no lo logró del todo. Ella bajó la mirada, con la esperanza reducida a casi nada, ilusionada a pesar suyo. Le contó los dedos con el tacto. Le sintió la dureza de la piel en ciertos lugares y lo corto de las uñas, seguramente sin pintar. la tristeza se desenvolvió a sus anchas entre los dos, diría que casi sonriente. Él se revolvió en la cama, intentando regresar a la parte anterior, donde la respiraba grabando el recuerdo. La mañana adelantaba el seno de ninfa con su pezón resplandeciente asomandose sobre la montaña y la alineación del sol con su ventana le despertó del todo. Ella levantó la cabeza desde la ropa que preparaba, reconocida en el viento fresco que penetró por su nuca desde la puerta del patio. Él pensó en ella, con cierta necesidad nostálgica. Ella pensó en él, doliendole adentro. La carga de obligación les perdió en la rutina. Se saludaron cortésmente cuando coincidieron en el pasillo que une los cuartos. Él sintió la posibilidad de tomarla, y a punto de hacerlo, ella le miró, cuestionando. Siguieron adelante, cada quien por su lado, terriblemente decepcionados uno del otro. ¿Dirías - dijo él, mientras ella se detenía, colgando los hombros desde esa voz- que esto es vida?. Con pesadumbre, sin voltear, ella musitó un no quedito y se perdió en la penumbra.

domingo, 29 de mayo de 2011

Era eso

Dijiste que me amabas. Los gestos se movieron en otra dirección y las palabras se abandonaron a su acostumbrado refugio. La mirada se devolvió entre luces y juegos de sombras a medio camino. El corazón se negó a calmarse hasta que un beso respondió a tu declaración. El hálito espeso del deseo me jaló el bajo vientre y el ligero temblor de tu mano me llevó a mirarte hondo esta vez. Una súbita timidéz invadió tu sonrisa y comprendí la frase recien entonces: decías que me amabas y era sólo que hubieras querido amarme.

Erase una vez

Erase una vez una vez. En ella ocurría todo lo posible y algo de lo que los racionales llaman imposible. Para ella esto no significaba gran cosa. Anhelaba lo inimaginable pero era sólo lo imaginable lo que aterrizaba entre sus ámbitos de incidencia y ocasión. A esa vez no le era dado extenderse más allá del ámbito de ocurrencia, pero ella se negaba a encasillarse como las otras veces, que se traducian unas a otras en una concatenación interminable de repetidas veces. Esta vez quería sobresalir de las otras; y no contarse como tantas ellas. Quería llenarse de sentidos, de tragedias, de eternas voluptuosidades que impidieran su olvido. Pero no podía tomarlos por ella misma. Podía, eso si, rechazar lo que no le pareciera. Y asi es como esa vez se inició en el esfuerzo de quedar vacía para esperar el gran suceso. Disimuló, se dobló tantas veces sobre sí misma, vacía como estaba, y se ocultó al tiempo, y este le pasó de largo con el atolondrado gesto que le distingue. La espera se hizo interminable. Esa vez se volvió irascible, impaciente, hueca. El gran suceso no llegaba y ella sentía despedazarse incluso el vacío que llevaba dentro y sólo le latía el resto de anhelo que le había acompañado hasta ahí. Esa vez no ocurrió nunca. Cuando decidió llenarse con lo que fuese, se dió cuenta de que ya había pasado todo.

Al fin llegaste

Me dijiste que no hiciera caso y no hice otra cosa que disimular desde entonces. Me esforcé en cerrarle los ojos a esa pesadilla que aparecía de vez en cuando, inmune a la mención de tu nombre. Cuando pasó, yo estaba listo para hacer frente a la desigualdad con que me haces a un lado, pero ignoraste mi advertencia y te levantaste con el rostro abierto y el horrible gesto que asola al mundo. ¡Cuanto hemos de descubrir antes de saber quienes somos!. Te deshiciste pronto de mis pobres razones y dejaste fuera la lengua, agitandose entre sabores concupiscentes que en nada se debían a mi presencia, desenvolviendo palabras como un conjuro para no llamarse nunca igual. Me forzaste a salir. Lamenté el hecho de haber logrado esperar tanto y estuve conciente del estallido oprobioso en el que se despejaron mis dudas. No hicimos el amor. Lo deshicimos totalmente.

miércoles, 25 de mayo de 2011

The one God

El avión flotaba entre lineas de aromas definitivos y altisonantes. El hambre apremiaba pero la genialidad del vuelo le tenia cautivado. Corría a la par que agitaba los brazos desnudos sudorosos de sal, hartos de sol. Con el cabello enredado entre el pensamiento del hambre y la sensación del vuelo, sonreía con el alma abierta entre la dentadura, a sus 8 años que no volvería a contar. La acera se extinguió sin ningún sonido, pero el chirriar de las llantas lo ahuyentó todo: los reflejos en las ventanas, los apacibles pasos de un hombre, el suspiro de la mujer que miraba en otro sentido. El avión siguió descendiendo, con su forma de delta acuñada en papel blanco, o rayado, o de cuadrícula. Caía a medio arroyo, rozando el pavimento, sin la violencia del cuerpo. Luego, un remolino pequeño lo levantó a medio aire, haciendo piruetas, cambiando su dirección. Nadie lo vio. A nadie le importaba nada que no fuera el infante deshecho, la huida del motor, el desgarramiento de otro corazón que aullaba lo que parecía un nombre. El avión se bamboleaba en el aire cálido como si entre malezas volara, oscilando un poco hacia la izquierda. Salvó una cerca, a media cuadra de ahi. Un viento de cola le impulsó otro poco, picando la nariz hacia el suelo. La gente gritaba en la plaza, se arremolinaba. Las sirenas corrieron a sonar, como siempre suenan, haciendo alarde de la tragedia. El avión recibió un vientecillo transversal que lo metió entre los barrotes de una ventana y lo estrelló contra el cristal. Poc, fue el ligero sonido. La niña se asomaba al oir el escándalo pero se distrajo al instante tras descubrir la figura triangular en el piso. Lo recogió, admirando su forma. Sonrió al ver el dibujo de las ventanillas con miradas y risas asomandose al cuarto. Lo desdobló al observar las palabras dobladas y leyó Trabajo de Español 3er año B "Lo que quiero ser" me llamo leonardo y tengo ocho años. Mi padre anda en el cielo, manejando esos aviones que pasan volando sobre el pueblo, de los que nunca se ha bajado. Yo no le conozco pero creo que a veces nos mira. Mi madre me quiere mucho, me ayuda con la tarea y me deja jugar lo que quiera. Yo lo que quiero es ser aviador.

martes, 10 de mayo de 2011

Lujuria

Bizcochito remojado en leche, eso quiero merendarme; le dijo. Desde entonces que no pasa hambre.

jueves, 5 de mayo de 2011

Regata

El viento les aparta, pero aún se miran en lontananza.

Gula

Quiero comerme el mundo, dijo mientras acariciaba su propia redondez. Un día le gritaron "Buda" y sólo atino a responder con una mordida.

La Charla

Tuit. Tuit. Tuit. Toc. Auch. Toc. Auch. Toc. Toc. Argh. Tuititititi

Crisis

Teiquirisi, no te azotes. La electrónica es como las noches cuando te vas de peda. A veces te alivianan y a veces te joden. Y hoy toca joder.

Encuentro

Un rincón incognito. Un forastero misterioso. Una mujer pública. Un encuentro sin coito. Un asesinato inconcluso. Una muerte chiquita.

Mineros

Crepita y las chispas se alzan como si de pirotecnia se tratara. Crepita de nuevo y el suelo retumba. La masa desespera, corre, se tropieza.

Dios

Kant no lo desapareció, me cae. Ellos dicen que no lo quería, pero sí. Lo quería mucho. Lo quería tanto que lo escondió de los mortales.

Huanacaxtle

Poco se puede decir sobre él salvo que es retorcido, como tripa constipada. En cambio puede contar historias soeces consumadas en sus ramas.

La huida

Aspira sobre sus axilas. Sabe que el sudor escurre, pero no percibe el agrio aroma. Talla las manos en el pantalón. Esas huelen a muertos.