domingo, 9 de octubre de 2011

Partiendo

Entre las ramas se quebraba el blanco plomizo del cielo a punto de llover. Ella estaba en alguna otra parte. La brisa finalmente fresca aliviaba el calor exhasperante, pasandole dedos por el cabello. Ella seguramente estaba en algún otro lado. Sentía la superficie irregular del suelo pedrogoso, cubierto de trozos de yerba que no llegaban a pasto y sabía que ella sentiría lo mismo, casi como si estuviera a su lado. ¿Cómo es que uno no entiende nunca?. Los perros de los vecinos haraganean por ahí, buscándose con hostilidad. Pronto se pondrán frenéticos. Ella se le aparece con cierto gesto irrepetible, pero son las palabras, que no corresponden al cuadro de la memoria, las que le estremecen: ....cuales son las palabras?. Sonrie al darse cuenta de cuan poco importan ahora. Es la rabia la que se impone; el agravio el que le envuelve; y la soledad absoluta, total, como si de morirse se tratase. Respira en contraparte. Cierto airecillo se mueve en diagonal fuera del sitio para entrar en el área de luz y de cierto olor a orina y excremento que abunda en los parques de la ciudad.  Pasan dos caminando, tres correteandose, más de cinco en fila india, siguiendose en la rutina. Pasan todos despiertos sin reparar en el cuerpo dormido, desmembrado, cubierto por la maleza. Ella no lo sabe y se dedica a lo que sea que se dedique cuando no la mira, no la tiene cerca, ni la piensa lo suficiente. Los ojos llenos de hormigas se le han secado desde hace mucho, con las retinas cerradas a la historia, mirando dentro de la imagen de nunca jamás. Se aleja despacio, sin disimular el pesar que le agobia. Ella se queda atrás, ya dejándolo, alejándolo, cercándolo con el recuerdo que perdurará para siempre.

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