lunes, 24 de enero de 2011

La despedida

La niña estaba llorando. La madre esperaba junto al auto, con una serie de cosas en las manos, las que no cupieron en las malestas. La más pequeña, ya en la cabina, miraba con espanto lo que ocurría. El padre vociferaba y entraba y salía con una cosa a la vez, arrojándola en la parte trasera del vehículo, que estaba ahi como todas las cosas de los humanos, inmóvil e indiferente. La niña lloraba y quería decir algo, con la madre queriendo que lo diga y el padre sin darse cuenta. ¿Era un ruego lo que venía? Los inocentes siempre son lo que ruegan. Y de todas formas los sacrifican. La madre mira arrepentida de todo la casa de la que la arrojan. La más pequeña no cuenta por ahora, a pesar del laberinto de horror apagado con el que tendrá que lidiar para siempre. La mayor intenta articular palabra. El padre lo nota y grita desaforado ¡Qué, que!, y no pregunta, ordena. Y no le importa, agrede. Se acerca a ella, maldiciendo. La golpea en la cabeza, la sacude. La madre sólo mira. La niña no puede decir ya nada. Se suben todos al auto y se marchan, para que ellas no regresen nunca. El padre actua con el convencimiento de que tendrá siempre oportunidad de remediarlo todo. Lo cierto es que la inocencia que se destruye no se remedia jamás. Lo cierto es que nadie se lamenta por ello. El auto regresa luego, conducido por un hombre solo. Ronronea y luego enmudece, permaneciendo ahí, como todas las cosas de los humanos, inmóvil e indiferente.

sábado, 22 de enero de 2011

La partida

Cuando se dio cuenta de que había perdido la oportunidad para la felicidad en la vida, era un poco tarde para romper con todo. Se abandonó a la rutina, sin poder ahogar por entero a ese que llevaba dentro y se le agitaba de cuando en cuando, sin aviso previo. Aprendió a hablar solo, recriminandose en cada vez menos ocasiones, y a toser con discresión cuando la desolación era mucha y se le desbordaba en un grito ahogado. Se le fue desfigurando el rostro por debajo de la piel, desacomodando la sonrisa hacia abajo y volviendole los ojos hacia adentro. Tomó por costumbre mirar su sombra al caminar, para creer que seguía vivo. Los dias le llegaban disminuidos con la cuota de los errores cometidos en el pasado. Las pocas horas que le quedaban se le iban en el trabajo. Decidió que se iría con una gran despedida de esa vida. Preparó todo concienzudamente. Le tomó algo de tiempo conseguir enlazar lo necesario. Cuando los dias desaparecieron y todo fue una sola noche en penumbras, decidió que había llegado el momento. Lustró sus zapatos, se puso el único traje que nunca tuvo, se peinó de memoria, para no verse al espejo y evitar asi flaquear. Se ató el nudo con cuidado, buscando la perfección. Trepado precariamente, evocó algunos momentos que se le habían quedado pegados en lo profundo y suspiró con melancolía y algo de tristeza. Luego pateó el banco. Con la maleta preparada de antemano ya en su diestra, bajada recien del armario, abandonó ese lugar para siempre, ya sin nada más que perder. Las notas dejadas en todas partes, no daban razones sino motivos. Y el horizonte se le hizo grande. Muy grande.

viernes, 21 de enero de 2011

de política

Es tiempo de involucrarse directamente; la patria así lo requiere. Entender que los buenos hacen política; los malos se hacen políticos. Y el hacer política, social o económica, se fundamenta precisamente en el hacer, hacer más que hablar, para despues, con evidencia irrefutable, hablar de lo que se hace y se logra. Es eso, y no los dogmas ni la demagogia, lo que puede sumar voluntades: lo que se hace, que ya no lo que se dice.

jueves, 20 de enero de 2011

Pensando

Una idea es como un regalo: en ocasiones la envoltura lo es todo. Otras, es común e impersonal. Pero a veces es dar en el clavo

Leyendo

De niño pensó que uno podría morir cualquier día, como se morían las caricaturas y los zanates del patio, de forma repetida y a veces graciosa, pero que fuera de eso, de cierto modo sería inmortal. Le encantaba la idea de pasarse toda la eternidad inmerso en la lectura. Eso le resolvió la vida hasta el dia en que se dio cuenta, leyendo, que los años se le habían ido leyendo y que lo que había leido cubría apenas unos cuantos estantes. A ese paso jamás alcanzaría a leer todo lo que había que leer. Le invadió el pánico. La noción de su verdadera mortalidad se le develó con terrorífica precisión. Nada explica mejor el abismo de la muerte que la distancia que pone entre lo que más queremos. Resolvió resolver el conflicto. La muerte no estaba bien. Buscó los fantasmas que le confirmaran el otro mundo y sólo encontró unos recuerdos que le magullaron el alma. Buscó los dogmas que explicaran la inmortalidad de la fe, sin mejor resultado, excepto el de encontrar los mejores cuentos del mundo. Dejó de buscar. Abatido, pensó en renunciar a la lectura, ya que la biblioteca del hombre le sería incubrible. Pero el dejar de leer le trajo dos malos hábitos de los que ya no se libraría nunca. Se inició entonces en la escritura. Y fue ahi donde entendió el misterio: quien más quiere vivir, más se muere.

jueves, 13 de enero de 2011

Inventario



Soy camino y tarde,
una tarde reposando en la mirada de mi madre,
habitando la cálida tutela de mi padre.
El camino de la casa y las bugambilias,
el camino de los sueños de mi hermana.
Soy mi mano sobre tu rodilla y mi primer beso,
el instante feliz del encuentro y la amargura de una despedida,
un jardín florido, verde, húmedo, una taza de té,
tus ojos en el río y tu vestido en la cama,
tu mirada coqueta para nadie y para todos, que ofreces en las mañanas al espejo,
tus primeras canas, nuestros sueños y mis pasos.
Soy camino, tarde, reposo y sol,
calle pavimentada con el lila de la jacaranda
y el cantar del ticúz
cirio y vela, olor a cera, oración,
día de Pentecostés, viernes santo, judas quemado en sábado de gloria,
belén en flor, cempasúchil, humo de copal.
Soy todos los muertos, los tuyos y los míos,
somos camino, tarde y sol, alegría prestada ,
conciencia coartada, certeza, amor.

Paco Juarez / Del Poemario "Vigilia de Armas" 1998