lunes, 4 de febrero de 2013

SÓLO DIJE QUE TE QUIERO


Y sirvió el café, con cierto insólito atrevimiento, desnuda como una sombra aunque mucho más luminosa. Sonreía mirándome entre el vapor que emanaba de la cafetera y le desleía el ojo izquierdo ¿o sería la sonrisa?. Sus pechos subían y bajaban como entre mis manos, sin la gloriosa lujuria que antes les inflamaba, aunque con las crestas erguidas como siempre temprano en la mañana. Me miraba mientras el líquido caía y caía, mientras se derramaba un poco. Sabía que el deseo inundaba mi percepción y que eso me nublaría el juicio, facilitando lo que fuera, exonerándola para siempre. Se giró hacia mí, con la taza ridícula y un platito debajo, depositándoles sobre la mesa al no encontrar mi mano. Advertí el vello triangular enmarcado por esa extrema suavidad que todas tienen entre los muslos.
-Anda, bebe- dijo ordenando - eso te despertará. Aunque veo que ese otro ya ha despertado - y el arroyo de su risa me batió por entero, haciendo que se elevaran mis brazos, en un intento tardío de posesión. Ella retrocedió divertida, agitando el pelo.     - Me gusta- casi cantó desde detrás de la taza - me gusta más que tú-
El celular danzó sobre la superficie de madera, girando contra reloj mientras Beatles cantaba she loves you yeah yeah una y otra vez hasta que contesté la llamada. - Hola, mi amor, buenos días- sonó la voz lejana de alguien que yo conocía. - ¿cómo dormiste? espero que todo salga bien y regreses pronto - y luego, con una risita aún nerviosa después de 20 años de pretender conocernos- ya te extraño-.
Bien – atiné a responder- estoy bien.
Ella se acercó con ambas manos libres. Lo que tocó me hizo inflamar el pecho y aumentó mi momentánea ausencia. - Los niños te mandan saludos - seguía escuchando, increíblemente ajeno a esa historia - y yo te mando un beso - una pausa- donde ya sabes-. Oír eso me regresó al mundo de golpe, violentamente. Ella lo sintió en la mano y pensó golosa que era otra la reacción - mmmhhh- musitó, antes de arrodillarse. Respiré hondo, demasiado hondo. - ¿qué tienes? - preguntó el teléfono- ¿estás triste? - un furioso aleteo de conciencia se me vino encima, como un latigazo. Y un lamento se me agolpó en la garganta. Quise ofuscarlo y me encontré gimiendo, con placer. Reaccioné de inmediato. -Yo también te extraño, no sabes cuánto-. A no extrañar, mi mentira sonó  convincente. Tanto así, que la creí con soltura y cierta desfachatez. Desde abajo, sus ojos se volvieron hacia mí, diciendo claramente "cínico" mientras ella sonreía con la boca llena. Redobló los giros de su cabeza, mientras su mano abandonaba mi muslo y bajaba hacia el suyo, al origen de todo. -Gracias amor- insistió la voz del teléfono - necesitaba escuchar eso-. Algo me crujió dentro. Era ridículo pero verdadero. Algo parecía haberse roto en algún lado de ese de adentro. Me abandonó la firmeza. Ella, al notarlo, abandonó también. Eso mostraba su verdadera experiencia. Irguiéndose, acercó sus senos a mi rostro, exudando su aroma. Yo sentí ganas de nuevo. Y también de llorar. No acerté a responder. Pero dije lo que siempre anda uno rehuyendo: te quiero. Ella oprimió un pezón contra mi mejilla derecha, mientras su voz musitaba en mi oído: "repite eso". En el teléfono, la otra voz inquiría: "¿qué dijiste? no escuché bien". Mi voz sonó rasposa, algo enconada
-Sólo dije que te quiero-
No corté. Apagué el teléfono.